Desperté a su lado, mis ojos se entrecerraron a causa de la luz del sol. Me
incorporé despacio, pero él tenía su brazo derecho rodeando mi cintura, así que
cuando estuve completamente sentada en la cama, él también se había despertado.
Lo miré con ternura, era obvio que me gustaba. La pregunta era, si yo le
gustaba a él. Y para ser honesta… no había mucho de donde decir que sí. Hace
semanas que habíamos empezado todo esto y desde entonces yo había estado
evitando el tema de si soy su novia oficial o su amiga con derechos. Decidí que
era ahora o nunca, pues todo este rollo era desgastante.
- - ¿Qué haremos después de esto? – pregunté aun con voz
adormilada, sentí el nudo en mi garganta a causa de la inseguridad de su
respuesta.
- - Mmmmm… - me miró apoyándose en sus brazos para poder
sentarse- Podemos ducharnos juntos
Tomó mi barbilla y me atrajo hacia si para que nos besáramos pero por
primera vez, me resistí. Harry me miro ceñudo. Finalmente, todo encajó. En ese
instante, en esa milésima de segundo, fui capaz de darme cuenta de lo que
estaba pasando, aunque una parte de mí, muy en el fondo, lo tenía perfectamente
claro.
- - Me has estado usando, ¿verdad? – mi voz temblorosa, pero mi
mirada firme hacia él.
- - ¿Qué? – preguntó estirando los brazos, y después peino su
flequillo con una sola mano. Él sabía perfectamente que ese gesto me derretía…
pero intente regresar a Tierra
- - Todo esto es una farsa… ¿no es así?
Me incorporé de inmediato y comencé a vestirme, mi ropa estaba esparcida
por toda la habitación. Estaba enojada, frustrada, más conmigo que con él…
- - ¿A dónde vas? – me preguntó de pie a un lado de la cama.
No respondí. El nudo en mi garganta era enorme, así que no me arriesgue a
decir palabra pues sabia que saldrían ahogadas y entre cortadas. Los ojos me
picaban, ¡oh, aquí venia el llanto! Apreté los labios y jalando mi bolso, cerré
de un portazo.
Al salir a la calle sentí el frio invernal, pero aun así seguí caminando,
ensimismada en la situación y en mis pensamientos. Tanto que no noté al chico
rubio que venia en dirección opuesta a mí.
- - Lo lamento, perdone no lo vi…
- - Está bien, no se preocupe señorita. ¿Se encuentra bien? –
trataba de que no viera mi rostro, pero al final reparo en mis ojos rojos.
- - Sí, muy bien – lo esquivé y continué mi camino. A juzgar
por la llave en su mano era probable que fuera vecino de Harry, así que podía saber
de buena fuente lo que me pasaba.
Pasos más adelante, aún sentía su azul mirada así que caminé, mejor dicho,
troté por la avenida hasta poder abordar un taxi. Le dije mi dirección al
chofer y traté de calmarme en el asiento trasero. Miraba por la venta del auto,
enfadada conmigo misma por haber caído en semejante trampa… De todas esas
chicas, ¡YO! Aunque bueno, también dejé que pasara… Tenía ganas de arrojar
cosas y gritar hasta quedarme sin voz, pero eso no podía hacerlo aquí… o al
menos no enfrente del chofer.
Se detuvo enfrente de mi casa, le pagué y me volví en seco para ingresar.
Pero un tipo chocó conmigo. “¡Vaya día!” me dije mentalmente.
- - Discúlpeme, no fue mi intención… Estoy muy apenado- su
acento era extraño y su tez no era de un tono habitual aquí en Londres. Lo miré
de frente, sus ojos café claro lograron sacarme de mi asunto por unos segundos.
Sacudí mi cabeza para volver a la realidad. Al parecer casi derrama su café
sobre mí a causa de nuestro encontronazo
- - Hum… no, fue mi culpa, discúlpeme - me dirigí a mi puerta,
pero algo me detuvo.
El muchacho había tomado mi muñeca instantáneamente
- - No, espere ¿le puedo ayudar en algo? – sus ojos desbordaban
sinceridad y me atraparon de nuevo, pero en realidad no tenía ganas de estar
con nadie.
- - No, gracias – respondí secamente, el chico soltó mi mano de
inmediato, con una mirada triste. Cerré de un portazo, no quería que aquellos
ojos observaran como los míos soltaban lágrimas irreparablemente.
Arrojé mi bolso al sofá más cercano
y me fui a la cocina para prepararme un poco de té, mis manos temblaban y ni siquiera
fui capaz de llevarme la taza a la boca. Recordé la noche en que conocí a
Harry, una punzada en el estómago se apoderó de mí. También recordé lo que
recién había ocurrido. Solté un grito de desesperación y me acurruque en una
esquina, me sentía terriblemente usada, engañada. Me culpé a mí misma, a nadie más
que a mí por lo ocurrido. Abracé mis rodillas y escondí mi rostro. Comencé a
llorar con todas mis ganas, de una forma u otra debía desahogarme.
No estoy segura de cuanto tiempo
paso hasta que escuché que alguien metió la llave en la cerradura de la puerta.
Debía ser Louis. Normalmente yo no dejaría que me viera en esta situación, pero
esta ocasión, ni siquiera le di
importancia y me quede ahí, inmóvil.
- - ¿Mags? ¿Estás aquí?- desde mi lugar, observé a Lou llegando
a casa, traía una caja repleta de muffins y una película en la otra mano.
“Siempre tan oportuno” dije en mi mente. Colocó las cosas en la mesita de la
sala y comenzó a subir las escaleras que se ubicaban justamente enfrente de la
cocina; tal vez iba a buscarme a mi habitación... Unos pocos escalones arriba,
reparó en mi estado.
- - ¡Maggie! – exclamó lleno de asombro, se apresuró a mi lado-
¿Qué te paso? ¿Estás herida? ¿Qué ocurre?- sus ojos me examinaron una y otra
vez, su preocupación era casi tangible- ¡Di algo!
- - Estoy bien – mi voz demostró todo lo contrario.
- - Vamos a la sala – me ofreció. Sin mucho esfuerzo me levanto
en vilo y me acomodó en el sillón, estiró un brazo para tomar una cobija del
armario y me cubrió con ella, yo aún abrazaba mi cuerpo, con la mirada ausente.
Por mi mente pasaban todas las cosas que Harry y yo habíamos hecho juntos, los
momentos en que sin duda habrían dicho que éramos una feliz pareja y… mis
sentimientos hacia él. Me llevé una mano a mi cien derecha y la estruje, como
si eso borrara su recuerdo.
Louis, a mi costado, me miraba muy preocupado, sin saber que hacer.
Minutos después inquirió:
- - Es por el chico que me habías mencionado ¿o no?- su voz
sonó cautelosa pero firme.
Asentí casi imperceptiblemente.
- - Oh Maggie – me abrazó con ternura y mis ojos se inundaron
de lágrimas de nuevo- Para eso estoy aquí, cariño… Además, no he ido a clases
de karate desde los 6 años por nada – mi cuerpo se estremecía cada pocos
segundos a causa del llanto, tomó mi cabeza con una mano y me abrazó un poco más
fuerte, como si quisiera protegerme de todos esos recuerdos.
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A la mañana siguiente, sentí un ligero peso en mis
ojos, al llevarme las manos me parecieron bolsitas de té y por su olor debía
ser de hierbabuena… Me incorporé, estaba en mi cuarto, con mi pijama puesta y en mi cómoda había un muffin de frutas rojas
y una taza humeante de chocolate con malvaviscos. Louis. Sonreí tiernamente,
caminé al otro lado de mi habitación y abrí mi cortina para decirle hola a lo
que parecía un típico día londinense: frio y lluvioso. Tomé un sorbo de mi
chocolate, perdida en la lluvia de afuera. El inesperado sonido del timbre me
hizo dar un saltito. Me dirigía escaleras abajo hasta que escuché que Louis
abrió la puerta, me detuve en seco.
- - Hola, buenos días ¿se encuentra Margaret? – era el chico
del café, su acento era inconfundible. Me cubrí la boca con una mano. Era
imposible. Había sido lo suficientemente grosera con él como para que me odiara
el resto de su vida.
- - No – contestó Lou con un tono posesivo- Está descansando –
le explicó, más tranquilo
- - Sí, me imagino- dijo el otro chico- En fin ¿podría darle
esto? y decirle que cuenta conmigo para lo que necesite, vivo justo enfrente.
- - Así lo haré- soltó Louis entre dientes- Un placer- y cerró
la puerta. Estampé mi palma contra mi frente, el pobre chico debía estar ya
acostumbrado a los portazos.
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